¿¿Cultura en Tudela??

            Escribir sobre la CULTURA y  la actividad cultural  en la Ribera de Navarra no resulta tarea en principio fácil  si se enfrenta el reto con un espíritu crítico y poco auto complaciente cuando lo que se pretende no es cuantificar las actividades culturales celebradas sino reflexionar sobre la calidad de éstas, su penetración y aceptación por  la sociedad, el efecto que producen como elemento de dinamización y  cohesión social y comarcal; y, su participación como factor de desarrollo económico de la Ribera.

            Antes que nada debemos reflexionar sobre qué entendemos por cultura o por “hecho cultural”. Acotar  estos dos conceptos resulta casi imposible en nuestro contexto social de una sociedad red ya que hoy podemos encontrar que se entiende por cultura,  desde las costumbres populares de nuestros pueblos hasta la  cibercultura o la cultura wep. Todo son hechos culturales que conforman un todo sustentado sobre dos ideas, la defensa del PATRIMONIO CULTURAL en sentido amplio, raíz y punto de partida de la que debemos partir y del que en la Ribera disponemos de una importante riqueza fundamentalmente la arquitectura civil del S.XVIII y la cultura de la Ilustración desarrollada en el mismo y la UNIVERSALIDAD de la expresión cultural, cuyo única clasificación se puede hacer en función de su calidad, cualquier hecho cultural de calidad puede transcender hacia lo universal o general y ser considerado parte integrante de la CULTURA. A esta idea debemos de añadir la  necesidad de considerar la cultura como una FORMA  DE VIDA, en palabras de  Robert Hughes “La cultura siempre crítica con ella misma siempre en debate, no es sólo la mantequilla del pan de la vida :es el mismo pan”, como un instrumento que configura una forma de entender y vivir la vida personal y colectiva, no únicamente usando de la cultura que se nos ofrece como producto de consumo, sino disfrutando para  la sensibilidad, enriqueciéndonos como  personas y  mejorando la sociedad en la que vivimos; y, de no olvidar la íntima relación entre el sistema educativo  y  la cultura, en momentos de incertidumbre y desorientación en una sociedad que fomenta de forma desvergonzada la competitividad, el éxito económico y los valores materiales frente a  los valores que encarna la cultura. Para ello es esencial invertir en FORMACIÓN tanto de los agentes culturales, público, enseñantes y de todos aquellos que participan activa o pasivamente en le hecho cultural.

            Estas reflexiones que pueden parecer pesimistas o desalentadoras no significan derrotismo ni abandono, sino más bien todo lo contrarío, pues la posibilidades de la Ribera, sus gentes, sus activos culturales, su Patrimonio y su tradición intelectual abierta y progresista son de una potencialidad que nos hace pensar que podemos y debemos ser capaces de invertir esta tendencia y lograr hacer de la cultura algo fundamental de nuestro desarrollo futuro, algo básico en el modelo de comarca que debemos hacer entre todos y que Tudela debe liderar e impulsar como seña de identidad y bandera de su proyecto de Ciudad para el Siglo XXI, recuperando sus mejores tradiciones liberales y modernizadoras del Siglo de las Luces.

            La situación cultural de la Ribera no podemos analizarla fuera de su contexto, la Comunidad Foral de Navarra, donde vienen imperando desde hace décadas propuestas culturales alejadas de las vanguardias y  medievalistas en las que han coincidido los distintos gobiernos de Navarra desde la Transición hasta nuestros días, dejando la política cultural en manos de la Institución Príncipe de Viana, quien ha optado durante estos años por un modelo cultural excesivamente historicista y mucho más preocupado por el pasado remoto que por el presente y el futuro, quizás  debido ello a razones políticas que  nos impermeabilizan de nuestro propio entorno o a la necesidad de  reafirmar la identidad de Navarra como Comunidad Histórica que ha conllevado y conlleva un modelo muy concreto de hechos culturales que se consideraran políticamente correctos y por tanto  acreedores de subvención y promoción pública. Ejemplos de esta situación pueden ser el Catálogo de publicaciones de  ésa Institución y del propio Gobierno, el funcionamiento del Museo de Navarra, las producciones culturales, el declive de los Festivales de Navarra, la nula presencia cinematográfica, editorial o teatral de Navarra en el conjunto de España, etcétera.

Navarra ha quedado descolgada de la modernidad cultural y artística cuando aspira a ser vanguardia en la sanidad, las nuevas tecnologías, la defensa del medio ambiente o en políticas industriales y energéticas. Determinadas propuestas que supusieron en los ochenta un cierto revulsivo y un cierto germen de ideas nuevas fueron quedando reducidas a meros espectáculos de animación o simplemente cayeron en el olvido. Pamplona en concreto, con su población universitaria, su elevado nivel de vida y su situación geográfica, sufre de una atrofia cultural más que preocupante, debida en parte a la falta de infraestructuras adecuadas para celebrar eventos culturales de primer orden -algo que quedará felizmente resuelto en el inmediato futuro-, pero también producto de la apatía y desidia de una población auto complaciente y que parece no demandar ni reivindicar cosas distintas que lo que se le ofrece, quedando la ciudad relegada a un muy secundario lugar entre las capitales de su entorno en lo que a oferta cultural y de espectáculos se refiere.

Este panorama todavía se ve agravado en la Ribera, quien vive una  vida cultural   generalmente localista, auto complaciente, carente de un proyecto global, alejada de la modernidad,  cerrada, repetitiva y muy poco atractiva para los que en ella viven y menos para que alguien nos visite atraído por la actividad cultural.  A modo de  tristes anécdotas diremos que  en toda la Ribera no existe un establecimiento dedicado única y exclusivamente a la venta de libros, que somos la Comarca de Navarra que menos prensa diaria consume y que es excepcional que podamos disfrutar de un concierto, una actuación musical o de una exposición de pintura de primera fila nacional, tanto por falta de programación como por no disponer de infraestructuras y dotaciones culturales apropiadas para tales eventos.

            Hoy la cultura es mucho más que la satisfacción de unas necesidades espirituales o sensitivas. La cultura con mayúsculas es el indicador de la madurez, la libertad y la CALIDAD DE VIDA de un pueblo, pero también es un FACTOR DE DESARROLLO de primer orden, desarrollo social pero también económico tanto por ser una industria en expansión en todos los países del primer mundo que responde a las necesidades y deseos de la nueva sociedad del bienestar y del ocio, como relacionando los recursos y productos culturales con el turismo, otro de los grandes negocios del futuro inmediato -quién es hoy capaz de disociar cultura y turismo en actuaciones tan importantes como el Museo Guggenhain e incluso Chillida Leku-. La cultura es también un fenómeno muy importante en un mundo globalizado e interrelacionado por la sociedad red que posibilita el intercambio y el conocimiento de otras formas de pensar y de expresión, la cultura sigue siendo una fuente de conocimiento que nos hace más libres y mejores, la cultura es algo dinámico que nos ayuda a crecer como personas y como comunidades, que nos abre los ojos y nos enseña a ver cosas distintas –ni mejores ni peores- que  las que tenemos en casa.  En comunidades como Navarra a las administraciones corresponde el papel de   ser vanguardia en mostrar la cultura y el arte actual, en fomentar siempre la calidad y la diversidad y no  apoyar  únicamente lo que obtendrá un éxito fácil del público, sino también aquello que resulta más arriesgado y novedoso, pero que a buen seguro mañana será lugar comúnmente aceptado. La necesidad de que Navarra se dote de un Plan Estratégico o Director en materia Cultural como ha hecho en otros campos con excelentes resultados en el que se programe la política de dotaciones culturales, actividades subvencionables, formación,  comarcalización y agrupación de servicios culturales, etcétera; así como la necesidad de considerar la cultura desde los presupuestos públicos como algo tan relevante como la salud o la educación hacen que el reto de futuro también para la Comunidad Foral es de gran importancia.