





|
era
de esperar. tras la atrocidad de esas malas bestias que
confundieron los límites de la realidad con los de su
siniestra psicopatía,
todos los demagogos profesionales de este país se han
apresurado a rasgarse las
vestiduras y poner el grito en el cielo. así que no
estaría de más colocar las
cosas en su sitio, porque aquí hay demasiado
sociólogo barato y demasiados
bocazas largando a humo de pajas. un asunto es que dos cerdos con
navaja
acuchillen a un pobre hombre creyéndose héroes de
un juego imaginario donde
confunden realidad y ficción, y otro muy distinto que los
juegos de rol en su
totalidad sean perniciosos y deban ser abolidos, como sugieren algunos
histéricos cruzados de la causa, de esos que a veces hacen
tantos aspavientos y
proponen soluciones tan drásticas que uno no tiene
más remedio que preguntarse
si, como los fanáticos conversos de la última
media hora, no tendrán ellos
también roles que hacerse perdonar.
vaya
por delante -uno conoce a sus clásicos- que el arriba
firmante no practica juegos de rol. apañado iba
metiéndome en este jardín, de
probarse lo contrario. sin embargo uno procura estar al corriente,
más que nada
para saber después de lo que habla. por eso sé
que existe gran variedad; desde
los de acción a los de inteligencia, desde los infantiles a
los bélicos, y
buena parte se mueve en torno a la historia y la
ciencia-ficción como dune, el
señor de los anillos, feudal y otros. los hay violentos, en
efecto. pero ni
todos son violentos ni todos incorporan extremos que vayan
más allá de los
textos literarios o históricos en que se basan, como cuando
incluyen batallas o
duelos. otros, con búsqueda de tesoros, investigaciones o
aventuras, son
pacíficos e inofensivos. pero, de creer a quienes, incluso,
han pedido al
ministerio de cultura que tome cartas en el asunto -lo que ya es el
colmo de la
gilipollez-, uno creería que los juegos de rol son un vivero
de nazis, de
racistas, una escuela de asesinos y un semillero de
psicópatas.
y
a ver si nos aclaramos. porque además de homo sapiens y homo
faber, el hombre es también, y sobre todo, homo ludens. en
ese ámbito, el juego
es tan viejo como el ser humano, y lo jugamos, conscientemente o no,
desde que
somos niños. el juego de rol como tal, avanzado, consiste en
un universo
alternativo creado por la imaginación, donde la
inteligencia, la inventiva, la
capacidad de improvisación, son fundamentales. los juegos de
rol bien
planteados y dirigidos estimulan, educan y permiten ejercitar
facultades que en
la vida real quedan coartadas u oprimidas por el entorno y las
circunstancias.
la práctica de los juegos de rol proporciona a menudo
aprendizaje, destreza, y
una legítima evasión muy parecida a la felicidad.
conozco
a un grupo de jóvenes liberales, inteligentes, que
practica un divertido juego de rol en cataluña llamado las
relaciones
peligrosas, basado en la francia de los mosqueteros, y que cada mes
publica un
boletín con los datos históricos reales o
ficticios, los duelos, las intrigas
de la corte. el grupo se ha convertido en una red de
auténticos expertos sobre
el siglo xvii en europa, juega con gran talento y sentido del humor, y
convierte un pasatiempo inofensivo y emocionante en un alarde amenidad,
cultura
y buen gusto. meter a ese medio centenar de estudiantes que no se
resignan a la
mediocre rutina de la tele y los videojuegos en la olla
común de los nazis y
los psicópatas me parece una ligereza, una atrocidad y una
injusticia.

naturalmente,
no todos los juegos de rol son iguales. del
mismo modo que un científico loco a sueldo de un
salvapatrias cualquiera puede
crear en un laboratorio, por ejemplo, el virus del sida para eliminar
negros y
maricones, un juego de rol planeado por mentes enfermas o por varios
hijos de
la gran puta pude terminar como el rosario de la aurora. pero ni por
eso la ciencia
es mala, ni todos los científicos están locos, o
son unos malvados, ni todo
juego de rol es pernicioso, ni todos sus jugadores son
psicópatas en potencia.
cada uno proyecta lo que es en lo que hace, y aunque un asesino idee un
juego
perverso, el mal no es imputable al hecho de jugar, sino a la mente que
deforma
ese hecho, lo corrompe y lo pervierte.
además,
hay por ahí mucha más gente jugando a rol de la
que
pensamos. sin ir más lejos, hace nada, un reciente ministro
de hacienda con
patente de corso inventó un bonito juego de rol titulado: el
enanito del bosque
en el país del pelotazo, y algunos se lo tomaron tan en
serio que aún
respiramos por el agujero de las puñaladas. con ese
jueguecito sí que habría
alucinado tolkien. en colores.
|